Dos vasos
Una azotea en apagón, una botella, y una costumbre que no era de uno. — Postales del muerto · nº 4
Años después, cuando ya Meraldo no estaba y estaba más que nunca, Eric subió a una azotea con una botella. Sirvió dos vasos sin pensarlo. Al ver el segundo lleno, no lo vació: hay costumbres que no son de uno.
Bebió mirando el apagón comerse La Habana, edificio por edificio. Pensó en ministros caídos, en generales de rodillas, en banquetes y en botellas solas. Él también había vuelto a empezar tantas veces que perdió la cuenta. Siempre de pie.
Detrás de sus ojos, alguien se acomodó, como quien se prueba unos zapatos y los encuentra buenos.
—Uno por ti —dijo Eric, sin haberlo decidido.
Y esperó. La frase no era suya, y la otra mitad venía en camino.
Cuando llegó, el segundo vaso estaba vacío.


