Ni de exilio ni de esperanza. Una nota antes de empezar.
Por qué escribí una trilogía sobre el que se queda.
La novela cubana lleva décadas contándose desde la fisura: desde el exilio, desde la pérdida, desde la distancia, desde la mirada del que ya no pertenece del todo. Arenas, Cabrera Infante, Padura, Pedro Juan Gutiérrez, Wendy Guerra. Cada uno, con sus matices, ha contado una Cuba rota por dentro o mirada desde el borde.
Esta trilogía no entra por ahí.
Esta trilogía cuenta a los que se quedaron. A los que siguieron adentro cuando otros se fueron. A los que no fueron héroes, ni mártires, ni traidores. Solo permanecieron.
Eric Miranda nace el 14 de abril de 1959, cuatro meses después del triunfo de la Revolución. Crece en los años sesenta, atraviesa la escuela, estudia Ingeniería en Minas en Moa, regresa a La Habana durante el Mariel, entra en una oficina de comercio exterior, sobrevive a la Causa N.º 1 y termina frente al Malecón de 1994.
Lo importante es esto: el que se queda no es más resistente, ni más patriota, ni más idealista que el que se va. Es, simplemente, el que se queda. Y esa también era una novela pendiente.
Una novela sobre una generación que no cabía ni en la propaganda ni en el exilio.
“No recuerdo la edad exacta en que dejé de llorar. Solo sé que, desde entonces, llorar es peligroso”.
Tierra Roja
Aquí escribiré una nota al mes. Sobre Cuba, sobre la trilogía, sobre lo que la escritura enseña cuando uno ya creía saber demasiado.
Si el ritmo te llega, ya sabes.
H. del Monte


