Al alzar la mano — un microcuento del universo Ya Eres un Hombre
Sobre lo que hace un hombre cuando su gesto ya no es suyo. Escrito a partir de un prompt de @neuroticologico.
Al alzar la mano para saludar al que venía por el Malecón, Eric supo que el gesto no era suyo. Los dedos se abrieron con una lentitud de otro siglo, como si saludaran desde el fondo de un río, y el hombre que se acercaba —sombrero de yarey, guayabera sin edad— se detuvo a tres pasos y sonrió con dientes que Eric había visto arder en un cajón.
—Conozco esa mano —dijo el hombre. El mar golpeaba abajo, contra el diente de perro, con esa insistencia de acreedor que tiene el agua en agosto. Eric quiso bajar el brazo. El brazo no bajó. —No es mía —respondió, y la voz tampoco era la mía. El hombre asintió, sin sorpresa, como quien confirma una deuda vieja en una libreta que ya no existe. Sacó del bolsillo una moneda oscura, la besó y la lanzó por encima del muro. El mar la recibió sin ruido, sin círculos, como se traga el mar lo que le pertenece. —Dile que la cuenta sigue abierta —dijo—, y siguió caminando hacia La Punta, contra el viento, sin que la guayabera se moviera. Eric bajó por fin la mano. En la palma, húmeda, quedaba el olor a monte quemado. Detrás de sus ojos, alguien sonreía.
Este microcuento pertenece a la periferia del universo de Eric Miranda, protagonista de la trilogía cubana Ya Eres un Hombre. El primer capítulo está disponible en muestra gratuita en el biosite.


